Hoy vinculé un libro que acabo de terminar con un acto cotidiano. Resulta que estaba esperando el bondi, y cuando llegó dejé subir a una chica primero, le queria ver la cola bien de cerca, y es por eso que no le dejé el paso a las demás mujeres que esperaban, ningúna de ellas era anciana ni inválida, pero eran mujeres al fin.
Entonces me agarró una culpa súbita, y pensé que había estado mal y muy poco caballero. Le doy dos monedas de 10 al guarda y éste me pide cambio, alguna de a peso o de 50. Normalmente me molestaría tener que revisar el fondo del bolsillo, y seguramente cualquier otro día le hubiese contestado que no tenía, obligándolo a revolver a él entre sus monedas. Pero la culpa me seguía por el episodio de la subida, asi que me tomé la molestia de revolver en mi bolsillo, le dí una de 50 y el guarda me demostró gratitud con un « impeca, gracias valor » le dije « arriba » y sentí que había remendado en algo mi grosería anterior. Pero darle cambio a un guarda no compensa subir segundo medio a prepo dejando varias señoras atrás, por sólo ver una cola linda. Es ahí donde paré un poco a pensar en mi asiento lo siguiente: había actuado mal, sido consciente de mi falta y luego quise arreglar mi error conmigo mismo. El libro que terminé hoy se llama el Abogado del Diablo, de Morris West. Habla de personajes que tenian fé, la perdieron, y la recuperaron o intentaron recuperarla hasta el día de sus muertes. Desde el punto de vista religioso, inetrpreté que el autor habla en parte de lograr la salvación mediante el arrepentimiento. Resolví dejar subir a las mujeres, ancianos o niños antes que a nadie cuando tomara el bondi de vuelta. Me bajé del ómnibus y me fuí a comprar unos caramelos de menta para aplacar el mal aliento. Una empleada barría la vereda y cuando me acerqué a la puerta me dijo : si ? le respondí « pastillas de menta », y me dijo « pasá ». La cajera era la imágen de la amargura, le pedí un halls y me dijo que le diera cambio, tenía uno de 50 pesos y ella quería más bajo, le dije 10 y agarró.
Me sentí medio gil, seguro ella tenía cambio pero por botona no quería dármelo.
Le tiré el billete sobre la caja, agarré las monedas y me fuí sin decir nada. Escuché el gracias de rutina cuando salía por la puerta. Durante este episodio no pensé para nada en el libro…
A la vuelta, el destino me regaló dos señoras en la misma parada que por suerte se subieron al mismo bondi que yo. Arreglé mi error definitivamente y me quedé pensando cómo había aflorado un libro que me resultó mediocre en un momento tan insulso. Y lo mejor, cómo ese libro me condicionó mi consciencia.
El libro no vale gran cosa, el autor tiene el mérito de crear personajes muy interesantes y creíbles, pero la trama y el mensaje que se empeña en dar son para mí intrascendentes. Y sin embargo…
Gracias Morris, se vé que algo me llegó…
lunes, 24 de septiembre de 2007
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5 comentarios:
Entonces ahora tenes conciencia?!
Te felicito!
:)
no sé, nunca la voy a tener creo
y menos gracias a un libro de morris west, para eso creo esta la biblia, jejejej
Uff... bueno, fue un buen amague de conciencia entonces.
Ta, es mucho mejor no tener conciencia, haces mas cosas y mas divertidas.
Buenas.
Disfrute de su conciencia, cada tanto ataca, y está bueno dejarse llevar por ella.
Si no lo leiste, lee "Crimen y Catisgo" de F.Dostoyevski, te va a gustar.
Saludos.
PD: te vas a dedicar a la crítica literaria por aca? buenisimo! adelante!
gogy, lamento pero no, no es lo mio la crítica literaria... vamos a ver qué onda con este blog... si me dura un mes ya será un victoria...
tomo nota del libro...
ya me lo bajo...
abrazo
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